miércoles, 21 de junio de 2017

Animales salvajes

Las campanas del pueblo comenzaron a repicar con fuerza. Robert apenas se sobresaltó. Desde que tenía uso de razón, su aldea había sufrido ataques de las criaturas del bosque tantas veces que no distinguía una de otras. Y siempre, año tras año, la noche del Solsticio de Invierno, la noche más larga, un ejercito enorme, como si todas las bestias celebraran alguna demoniaca festividad, se reunía para lanzar un asalto. El número y diversidad de monstruos era inconmensurable, pero, el hecho de que la aldea pudiera prepararse para la defensa y de que las propias bestias parecieran no tomarse muy en serio la batalla, ayudaban a que las bajas y la destrucción fuesen menores de lo esperado. Mayor pánico le producían a Robert los ataques sorpresivos que realizaban a lo largo del año. Grupos pequeños, partidas de caza, pero que podían atacar en cualquier momento y en cualquier lugar. Cuando se iba al arroyo por agua, al bosque por leña, mientras se cultivaba la tierra para extraerle la mísera cosecha que suponía su sustento. Incluso alguna vez, algún vecino había sido arracado de su cama mientras dormía, sin que nadie más se percatara del rapto.


Como el año anterior, Robert divisó primero a la vanguardia de Un-gors avanzando sobre los últimos árboles del bosque que rodeaba la aldea. Sabía que de momento no eran los más peligrosos. Sus pequeños arcos y lanzas necesitaban estar mucho más cerca para ser una amenaza. Más peligrosos eran los Centi-gors. Estos engendros, centauros bestiales, podían recorrer la distancia entre el bosque y la aldea en menos tiempo del que cualquier campesino necesitaba para apuntar su arco y disparar. Por fortuna, en el ataque del Solsticio, los Centi-gors iban tan borrachos que muchas veces tropezaban con sus propias patas y caían al suelo entre las risas guturales de sus compañeros.
En seguida apareció el cuerpo principal del la manada. Cientos de Gors junto a algunas decenas de acorazados Besti-gors, la élite de su raza. Si existía entre los hombres bestia algún atisbo de marcialidad y razocinio estratégico, este se encontraba en los Besti-gors, lo que unido a su fuerza animal los hacían los más peligrosos en el asalto de la noche. Robert tocó instintivamente el pomo de su espada (realmente un cuchillo largo de cocina modificado). El deseo de todos era que no se llegara al cuerpo a cuerpo. Que la manada chocara con la lluvia de flechas que pensaban lanzarles, se bloqueara con las zanjas y estacas que sembraban los alrededores de la aldea y que, con el amanecer, y cumplido el rito que siguieran por el Solsticio, regresaran al bosque. Ese era el deseo. Robert nunca lo había visto cumplido y esta vez, además, tenía un mal pálpito.

Los peores temores del campesino se cumplieron cuando una extraña niebla de tonalidades verdosas comenzó a extenderse desde el bosque. Un chamán de las bestias acudía con la manada. Robert ya había visto a uno de estos extraños hechiceros varios años atrás. Sus brujerías habían vuelto loco a Patrick, un campechano panadero que había atacado a bocados a sus compañeros y fue visto por última vez brincando tras la manada de regreso al bosque. Robert maldijo a la capital por no enviarles un hechicero residente. Según los ricachones de la ciudad, no se podían permitir mantener un mago en cada aldea, aunque bien que se podían permitir tener cientos de recaudadores e inspectores quitándoles hasta la última migaja del resultado de su sudor y esfuerzo. Sin un hechicero, la única defensa de la aldea contra la magia del chamán eran las cuatro reliquias de la ermita, de las cuales muchos dudaban en secreto que no fueran más que basura y chatarra sin valor.

La suerte estaba echada. En breve se produciría el ataque y las bestias se lanzarían como locos contra las defensas de la aldea. Sabían que su única esperanza era aguantar contra la horda hasta que salieran los primeros rayos del sol. Entonces, siguiendo sus incomprensibles costumbres, la manada regresaría al bosque con los trofeos que hubiera podido conseguir. Hasta el momento, todos los años, los aldeanos habían conseguido impedir que entraran en el poblado. Sabían que eso significaría el fin pues no dejarían piedra sobre piedra ni humano sin despedazar. Los campesinos luchaban por su supervivencia mientras que las bestias parecían hacerlo por diversión. Esa era su fuerza y Robert se daba ánimos y gritaba a sus compañeros mientras las primeras flechas empezaban a volar y los primeros Un-gors y Centi-gors borrachos comenzaban a caer. Sí, esta noche también resistirían, pensó.

Robert se permitió incluso esbozar una sonrisa cuando un grupo de Besti-gors cayo en una de las trampas y se empaló en las estacas del fondo de un foso oculto. Pero, de repente, un enorme balido se escuchó en la noche. El chamán gritaba con todas sus fuerzas en una llamada salvaje. El propio bosque comenzó a moverse y toda esperanza abandonó a Robert, que casi dejó caer su arco. Sobre las copas de los árboles más altos, tres bestiales cabezas cornudas se dirigían hacia la aldea. Doce brazos del tamaño de troncos de árboles, cuatro por cada cabeza, arrancaban cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino.  Las Gorgonas se habían sumado al ataque por primera vez. La aldea estaba perdida...


lunes, 15 de mayo de 2017

Bestias de Jaaaaargggv

Los Hombres Bestia ha sido otro de los ejercitos de la "Era Barna" y uno de los dos realizados post- "Fin de los Tiempos". Es decir, a base de buscar restos y comprar por internet... Ejercito no muy extenso, pero entretenido y rápido de pintar.


Bestias de Jaaaaargggv

Ejercito completo


20 Bestigors


40 Gors


60 Ungors


10 Mastines del Caos


5 Centigors y Ghorros Warhoof


5 Minotauros


2 Minotauros de la Condenación


1 Carro de Garragor, 1 Carro de Tuskgors y Carro de Gorthor



Portaestandarte, 2 Caudillos y Kathrak el Tuerto



Chamán, Morghur y Malagor


Garragor


Gorgona y Cygor


Escuerzo Alado

En total: 133 Hombres Bestia, 6 Centigors, 10 Mastines, 4 Tuskgors, 7 Minotauros, 2 Garragors, 1 Cygor, 1 Gorgona, 1 Escuerzo Alado










miércoles, 19 de abril de 2017

Los No-Vivos de Zardull

Equipo a trozos de diferentes marcas....como corresponde a un conjunto de restos podridos, huesos y difuntos levantados de aquí y de allá por la voluntad de algún nigromante...

Los No-Vivos de Zardull


ESQUELETOS
Huesos, Bones, Tumbita y Sonrisas. Todo músculo...no...cerebro... tampoco...bueno, eso...



ZOMBIS
Nano, Orejas, Gobo y Latas. algo más de músculo y cerebro...más o menos... 


NECROFAGOS
Ñam, Ñum, Glup y Glop. Aprovechando todo lo que se cae en el campo
 

GOLEMS de CARNE
Cosa1 y Cosa2. Realmente hay siete u ocho nombres para hacer cada uno...


MOMIAS
Aptup XIII y Putpa XVIII. Faraones menores venidos a menos...


TUMULARIOS
Lord Muerte y Sir Cadaver. Grandes heroes largo tiempo olvidados.


HOMBRES LOBO
Garra y Colmillo. Rápidos, fuertes, letales, ferales....

 

JUGADORES ESTRELLA

LLAMAS
Lo sirve cortadito y churruscado



BIGBY
¿Quién teme al lobo feroz...?


CUERPO TÉCNICO

LORD TEMPUS
La voluntad que dirige al equipo...

 

miércoles, 15 de marzo de 2017

Las Silfides de Groom

Equipo de RN Estudio. Un grupo de "damiselas" dispuestas a hacerse respetar, acompañadas de un montón de cosas verdes con patas que no importan a nadie...

Las Silfides de Groom



SNOTLINGS
Blanditos, prescindibles, insignificantes...


MAS SNOTLINGS
Flojuchos, aplastables, carne de cañón...


Y MÁS SNOTLINGS
En serio...¿quién quiere ponerles nombre...?


OGRAS
Dorak, Blobak y Pinky, toneladas de calidad



Y MÁS OGRAS
Puk, Trask y Bimbak, haciéndose querer, por fuerza


JUGADORES ESTRELLA

IRMA "la dulce"
Repartiendo "amor"

martes, 14 de febrero de 2017

Día de Torneo

Philip llevaba ya despierto un par de horas cuando el sol empezó a asomar sobre las colinas que rodeaban la llanura. Había perdido la cuenta de las carretas llenas de verduras y carne que había transportado desde el carromato de su padre hasta el puesto de venta que habían conseguido cerca de la explanada de justas. Habían sido afortunados. El puesto se hallaba cerca de la zona de paso, donde muchos nobles y adinerados pasarían entre enfrentamiento y enfrentamiento, con el hambre excitada por los combates y la mente perdida rememorando el último combate. Nadie intentaría regatear mucho los precios. Philip colocó el contenido de su carreta en el puesto y regresó al carromato con la intención de comenzar a trasportar la leña necesaria para el fuego que doraría los jugosos filetes. Sin embargo, los primeros rayos de la mañana iluminaban ya los pendones y banderas que adornaban las distintas tiendas de los caballeros que habían acudido a las justas y Philip se detuvo a contemplarlos.


Infinidad de figuras, animales y monstruos míticos lucían rodeados de los más vistosos colores. Los grifos, que muchos caballeros tomaban como emblema en un claro gesto hacia el Rey, o los pegasos, montura de los más nobles y bravos,  se mostraban en gran número. Pero también se podían ver, aquí y allá, unicornios, águilas, lobos, e incluso dragones, mantícoras o sierpes. Algunos caballeros, en un gesto de humildad (falsa o no), optaban por enseñas más austeras, como espadas, estrellas o simples círculos o cuadrados. Philip preguntó una vez a su padre porqué nadie portaba el Grial en su blasón, siendo como era el símbolo de la búsqueda de los caballeros. Le contestó que él, un pobre y simple campesino no podía imaginarse el razonamiento de tan nobles individuos, pero que el fraile Bernard le comentó que, aquellos que habían contemplado el Grial eran tan puros y magníficos  que no necesitaban indicarlo con ningún símbolo mientras que aquellos que aún continuaban en la búsqueda, no se atreverían a mostrarlo so pena de ser tildados de soberbios. Eso le había contado el fraile y al padre de Philip le valió como respuesta.


En cualquier caso, la obtención de un blasón no podría estar más lejos del futuro de Philip como podrían encontrarse las estrellas del establo donde dormía todas las noches sobre la paja y la avena que utilizaban para alimentar a las bestias. Pese a todo, el muchacho, con el ímpetu y la inocencia de la juventud, se imaginaba siguiendo el camino del caballero. Si el patán de Guido había conseguido que lo aceptaran en las levas de campesinos... a Guido, sin saber contar más allá de nueve, porque le faltaba un dedo en la mano izquierda... ¿por qué no podría ser él mismo aceptado algún día como escudero por algún caballero? Philip pensaba aprovechar el torneo para ayudar lo más posible a todo aquel que lo necesitase o requiriese y mostrar todas sus virtudes y habilidades, con la esperanza de que algún joven caballero se fijase en él.


Tampoco se engañaba. Ningún caballero de alta cuna lo aceptaría nunca, pero siempre existía la posibilidad de que algún cuarto hijo que no tuviera dinero para contratar a un escudero noble o de buena cuna, lo acogiera. O algún caballero novel de cuna humilde que hubiera conseguido sus espuelas gracias a alguna victoria en algún torneo. Y una vez al servicio de un caballero, cualquier cosa podía pasar. Su padre le comentaba, cuando se atrevía a contarle sus sueños, que lo que solía pasar era que el joven campesino, inexperto y mal equipado, terminaba atravesado por la espada de cualquier bellaco o en la panza de cualquier monstruo. Pero no podía negar que en la Historia había algunos pocos que habían conseguido sobrevivir hasta que su señor lo había ordenado caballero por sus servicios. De todas formas, estos caballeros sin tierra no podían hacer más que embarcarse en la búsqueda del Grial y seguir deambulando por pueblos y ciudades y viviendo de los pagos de campesinos y nobles por sus gestas, generalmente, liberándolos de engendros y abominaciones. Que se supiera, ninguno de los bendecidos con la visión del Grial había nacido entre cerdos y vacas, ni dormía entre ellos de joven. Pero a Philip eso no le preocupaba.

La colleja lanzada por su padre sacó a Philip de sus ensoñaciones. Aún quedaban muchas carretas que transportar y, si quería aprovechar el día para hacerse ver, necesitaría descansar un poco. Ningún caballero querría un escudero al que le temblaran las piernas o se quedara dormido...




viernes, 20 de enero de 2017

El caballero errante

El caballero acabó de limpiar a su fiel montura y, tras dejarlo alimentándose con el espeso follaje que cubría el bosque, comenzó a preparar una hoguera para calentar la exigua caza que había logrado ese día. Sin embargo, apenas conseguidas una tristes llamas que luchaban por crecer en la fría y húmeda noche que empezaba a caer, tuvo que detenerse. La herida del costado se le había vuelto a abrir y las vendas rápidamente se empaparon de sangre. Con la paciencia y la seguridad que da la experiencia, el caballero se retiró la armadura y descubrió el tajo que hacía varios días le había infligido la sierpe gigante. Retiró los restos del cataplasma de hierbas que se había puesto y se preparó uno nuevo con las plantas que había ido recogiendo a lo largo del camino. Sin embargo, cada vez tenía menos confianza en la curación. La herida debería haber comenzado a cicatrizar ya, pero se veía exactamente tan reciente como cuando la bestia clavó sus colmillos en él, atravesando armadura, malla, carne y hueso. Posiblemente el engendro poseía algún tipo de veneno en sus fauces y, aunque el caballero había limpiado concienzudamente la herida, el tiempo necesario para acabar con la sierpe y cortarle la cabeza probablemente permitió al veneno a entrar en su organismo.



Concluida la cura, el caballero regresó a su lucha con la hoguera, consiguiendo por fin el calor necesario para calentar la cena. Satisfechas las necesidades primarias, volvió a hundirse en los recuerdos de los últimos días. La sierpe no había sido más que otro monstruo en la interminable lista que había cubierto su búsqueda del Grial. Aun podía recordar hasta el más mínimo detalle de día en que informó a su padre sobre sus intenciones de emprender la búsqueda. Tercer hijo de un noble menor, su progenitor casi se sintió satisfecho de que su hijo, al que poco podía dejar en herencia, hubiera decidido embarcarse en tan honorable aventura. Solo dos resultados podían existir al final del camino: una honorable muerte en combate contra los males del mundo o el premio final del Grial y su entrada en la más alta Orden de Caballeros. Lo que su padre no sabía en aquel momento es que las motivaciones de su hijo se encontraban bastante lejos de ser tan honorables pues, básicamente, solo ansiaba huir de un hogar donde no le esperaba ningún futuro más que soportar a su hermano Marcus, heredero de su padre o los sermones de Guido, su otro hermano, dedicado en cuerpo y alma a la propagación de la fe.

El caballero pensó en los giros y vueltas que conlleva la existencia al recordar a sus hermanos. Con el paso del tiempo, sus sentimientos hacia ellos habían cambiado por completo. Guido pasó largos años recorriendo todo el Reino ayudando a los pobres e intentando enseñar la caridad  y la humildad a los nobles menos devotos. Lógicamente esto le trajo múltiples problemas y, aunque jamás lo supo, más de una vez fue ayudado su hermano a escapar de ellos. Hacía tres años que finalmente se había embarcado hacia las tierras del Nuevo Mundo con la intención de llevar sus creencias hasta los paganos e incluso hasta los seres inhumanos que habitaban en aquellos parajes. El caballero no tenía noticias desde entonces. Deseaba que su bonachón hermano viviera feliz, pero no se engañaba. Las probabilidades de que un naufragio, un abordaje de piratas o que alguna enfermedad tropical o cualquier monstruo de sangre fría hubieran acabado con el clérigo, eran mucho mayores que las de un final feliz.

Por su parte, Marcus heredó las tierras de su padre tras la muerte de éste. En seguida, varios nobles  avariciosos intentaron arrebatarle sus posesiones apelando a historias familiares inventadas y calumnias falsas. Marcus se defendió con bravura y se ganó el respeto y el amor de sus súbditos, lo que al final le valió la victoria y la frágil paz en la que se encontraba desde entonces. Y también el respeto y el aprecio de su hermano, el caballero errante. Siempre había estado pendiente de sus hermanos en su deambular, pues, realmente, tampoco sabía cómo encaminar su búsqueda, y ayudar a su familia y súbditos, aunque fuera de forma anónima le parecía una forma tan buena como cualquier otra. Sin embargo, tras la desaparición de Guido y en afianzamiento de Marcus en su puesto, el caballero decidió que era hora de ampliar sus horizontes.

Se unió a varios caballeros andantes en su deambular en la búsqueda del Grial y aprendió grandes cosas de éstos. Aprendió que el Grial aparecía a aquellos que habían realizado grandes proezas. Que nunca debían rechazar un reto, sino que, de hecho, debería buscarlos. Que no había mejor camino que defender a los desvalidos e indefensos de los grandes monstruos que los acechaban. Entrenó con los más fuertes, escuchó a los más sabios y se ganó la gratitud de muchos aldeanos venciendo a monstruos aterradores. Poco a poco, el Grial fue quedando atrás en sus pensamientos y su camino se fue centrando en buscar el siguiente reto y ayudar a hacer el mundo un poco más pacífico y tranquilo para aquellos que menos tienen.

Un dolor en su costado le retornó de sus recuerdos. La herida no mejoraba y casi había perdido la consciencia sin darse cuenta. Pensó que no era una forma mala de morir. Que no le importaba no haber hallado el Grial, pues había tenido una buena vida, una vida útil. Sus ojos ya se cerraban cuando escuchó una voz. No distinguió las palabras, pero sabía que lo llamaban. Con sus últimas fuerzas, se arrastró hasta una poza que un pequeño río formaba en un recodo. La voz provenía indudablemente de allí. A punto de agonizar de dolor, el caballero se asomó a las aguas. Allí, al fondo de la poza, una hermosa dama, los cabellos negros como la noche, la piel pálida como la luna y los ojos, como el cielo de primavera, le sonreía. Y en sus manos, un Grial resplandecía.

martes, 15 de marzo de 2016

Las Tropas de Xavier DuMatt

Los Bretonianos han pasado largos y tristes años esperando una renovación e incorporación de refuerzos...por desgracia, el Fin de los Tiempos llego antes, así que ya de nada les servirá esperar más. Una pena, porque fue una gozada pintarlos y una delicia verlos sobre la mesa...


Las Tropas de Xavier DuMatt


El ejercito completo


3 caballeros en pegaso y 16 campesinos con arco



16 Hombres de Armas


5 Hombres de Armas a Caballo


Un Trebuchet


8 Peregrinos con Relicario


8 Caballeros Noveles


8 Caballeros del Reino

 

5 Caballeros Andantes


5 Caballeros del Grial


Portaestandarte de Batalla


2 Doncellas de la Dama


2 Señores del Reino


El Caballero Verde


La Hada Hechicera Morgana


Rey Louen Leoncoeur

En total: 96 Hombre, 37 Caballos, 3 Pegasos, 1 Hipogrifo, 1 Relicario y 1 Trebuchet